Bienvenidos/as!! Este blog está destinado a estudiantes de primer año del Profesorado de Educación Inicial, corresponde al espacio curricular TIC en el Nivel Inicial, que se dicta en el I.S.F.D. y T.P. Gral. Felipe Varela, de la localidad de Guandacol. Su principal finalidad será exponer cuestiones curriculares, material de lectura, actividades prácticas, fechas de parciales, etc.
sábado, 5 de junio de 2021
domingo, 10 de marzo de 2019
TIC - Profesorado de Educación Primaria
Material de estudio destinado a estudiantes de la carrera "Profesorado de educación primaria"
sábado, 9 de marzo de 2019
Contenidos
Eje 1: Sociedad del Conocimiento y la Información
Contexto de desarrollo social y
Económico. Sociedad del Conocimiento y la Información. Variables sociales,
políticas y económicas que configuran nuevos escenarios para la educación. El
lugar de la escuela en este nuevo escenario. Las TIC dentro y fuera de la
escuela.
Eje 2: Las TIC
como rasgo de la cultura y los códigos de comunicación
La comunicación
como producción social de sentidos y significados. Los modos y formatos
comunicacionales. La cultura mediática y digital. La producción, distribución,
circulación y recepción de la información, el conocimiento y los bienes
culturales.
Debate: Cultura mediática
y escolar. Influencia de las TIC en niños y jóvenes. La
participación mediada por la tecnología. La hipertextualidad. El
entrecruzamiento de narrativas en la
red.
Eje 3: Las TIC en los procesos de cognición
Aspectos psicológicos. Aportes de las TIC a los procesos de cognición.
La construcción social de la realidad. Percepción y sensibilidades producidas
por la cultura mediática. La construcción de identidades. El desarrollo de los
procesos de comprensión y las TIC: concepto de residuo cognitivo; perspectivas
de la incidencia multimedia sobre los
procesos cognitivos. Conocimiento colaborativo.
Eje 4: Uso
educativo de las TIC
El uso de los medios y tecnologías desde la perspectiva pedagógica. La incidencia de las TIC sobre los procesos
de aprendizaje y de enseñanza. Modelos didácticos y TIC: el trabajo
colaborativo. Debates actuales, las TIC en el
aula: recurso, herramienta,
entorno o contenido. El aprendizaje icónico o visual. Los medios
gráficos, análisis y aplicación educativa en sus distintos formatos
comunicacionales. La radio, análisis y aplicación educativa en distintos
formatos comunicacionales. La televisión y el video en educación en distintos
formatos comunicacionales. Nuevas tecnologías. Internet. Telefonía celular.
Eje 5: Uso didáctico de las TIC
Desarrollos organizacionales y dinámicas de trabajo con TIC: aulas en
red; modelo miércoles, 6 de marzo de 2019
Eje N° 2: Cultura Escolar-Cultura Mediática. Apuntes para un encuentro. Susana Bermúdez
CULTURA ESCOLAR-CULTURA
MEDIÁTICA. Apuntes para un encuentro.
Susana Bermúdez
1. Nuevos
escenarios
Escena 1:
“Chiquititas, más allá de la pantalla”
En el patio del
jardín, un grupo de nenas de la sala de cinco,
bailan y cantan el tema “24 horas”, el más difundido del CD
que contiene la banda de sonido de la última versión televisiva
de”Chiquititas”. Varias de ellas están
peinadas con simpáticas “colitas” como Lilí, la protagonista del programa.
Todavía usan las zapatillas
“Floricienta”, aunque, seguramente, pronto desearán tener los nuevos modelos generados por el merchandising asociado al programa que, más allá de la pantalla, cobra vida en la cotidianeidad a través de productos y juegos.
Escena 2: “Tardes de
MSN, MP3 y FLOG”
Como todas las
tardes, después del cole y un rápido almuerzo, Malena – l4 años - se instala
frente a la computadora. Desde que en su casa tienen banda ancha, se la pasa
chateando. Los dedos vuelan sobre el teclado y
la pantalla multiplica las ventanas de
varias conversaciones simultáneas. Tiene en el MSN, más de cien contactos, pero “lo más”
es cuando consigue invitar a varios amigos a la misma conversación. Mientras
chatea, escucha el último compilado de
MP3 que se bajó y actualiza las fotos de su FLOG. Hace dos meses, cuando que le
reglaron la máquina de fotos
digital, creó su propio fotolog.
Como si fuera un diario personal, pero compartido con otros adolescentes
“floguers”, Malena sube sus fotos, escribe relatos, sensaciones, algún que otro
chiste. Su flog es muy visitado, al final del día encuentra nuevas “firmas” y
ya se contactó con un montón de “fotologueros”. Malena sólo se aleja de la
compu para abrir la heladera o hacer zapping en la tele. Todo lo demás lo hace
sin apartarse de la pantalla: completa la tarea, contesta mensajes de texto en
el celular y consulta on line la sección
de espectáculos. A la noche, cuando
llega su mamá, responde a la clásica pregunta: -¿Qué hiciste hoy?- con la clásica respuesta:
-Lo de siempre,
ma. Son pocas palabras para tantas
interacciones, pero bastan para alejar cualquier mirada adulta que invada
su mundo electrónico e
hiperconectado.
Escena 3: “PRO:
jugador que alcanza un alto grado de habilidad (diccionario del Counter
Strike)”
Es viernes a la
tarde y el cyber está repleto. Martín, Lucas y “el Colo” pagan una hora, y
después se quedan
mirando como juegan
otros. Desde una máquina, alguien grita: - Che, Colo, ¿te animás a desafiarme o
arrugaste? El Colo le pide a Martín que
le “tire” un peso; se lo da al dueño del cyber y sin decir nada, se sienta al
lado del retador. Atrás, custodiándolo se ubican sus amigos. - Voy de
“Terrors”- aclara sin mirarlo En la pantalla aparece la presentación del
Counter Strike:”Hay un montón de sensaciones que sólo podés describir con un
par de balas”. El Colo convertido en terrorista afgano corre por un laberíntico
galpón. Detrás de unos containers salen varios “counters” que no paran de dispararle. “Terror” avanza esquivando balas,
cuerpos y charcos de sangre. Al fin, consigue superar la “misión” y subir un
nivel. Sin detenerse, el Colo elije un nuevo mapa y se mete en otro escenario. Terror
corre ahora por un desierto. Tiene que meterse en un túnel antes de que lleguen
los helicópteros. - Conseguí “cheat”- le
dice Martín - Al lado, el
otro chico grita cuando Terror tira una bomba y vuelan despedazados
counters y helicópteros. “PRO ” dice el cartel en la pantalla. Recién ahí el
Colo mira a su oponente: - ¿Quién arruga
ahora?- lo “gasta” sonriente. Ya es de noche cuando salen del cyber. Hace frío
y en la estación del San Martín se
mezclan entre los pibes que arrastran carritos con cartones y los trabajadores
precarizados. Callados suben al tren que los aleja del mundo virtual para
llevarlos a una realidad donde no
aparece la opción que les permita subir “niveles”.
Las escenas anteriores
intentan “poner en escena” algunas de
las relaciones que niños y
jóvenes establecen con los medios de comunicación y las nuevas tecnologías. Instalados en nuestra cotidianeidad, los
medios imponen nuevas formas de transmisión del conocimiento, nuevos modos de percibir y
relacionarse. A través del
consumo mediático e informático, niños y
adolescentes no sólo usan los medios,
además -como ilustran las escenas- ,
construyen conocimientos, organizan sus
prácticas cotidianas a partir de ellos, comparten con pares códigos,
objetos, conversaciones, juegos y se distinguen de otros de acuerdo a gustos o diferentes posibilidades de
acceso. Inmersos en este “ecosistema
comunicativo” (Barbero, 2003), las nuevas generaciones participan de una experiencia
cultural nueva, desarrollan una sensibilidad acostumbrada a la velocidad y
fragmentación de los discursos audiovisuales, al zapping constante y la
interacción con las múltiples posibilidades del entorno informático. Con
naturalidad, chicos y jóvenes se mueven en un universo cultural que se rige por
una lógica y valores muy distintos que
los que legitiman la cultura escolar.
Este proceso produce un desfasaje fuerte
entre las vivencias que los chicos experimentan por fuera de la escuela y el modelo escolar de transmisión de
conocimientos. Mientras que la institución escolar se rige
todavía por los principios que la regularon en sus orígenes (homogeneidad, jerarquización,
sistematicidad, orden y secuencia lineal) , los alumnos son portadores de
culturas diversas, traen consigo otros lenguajes y saberes que, la mayoría de las veces, no son
tomados en cuenta en el ámbito escolar.
Así, la experiencia escolar se convierte a
menudo en una férrea frontera donde se
enfrentan diversos universos culturales.
La pregunta que surge, entonces, es si es posible achicar la distancia, cada vez más grande,
entre la cultura escolar y la cultura mediática, sabiendo que ambas constituyen, hoy, el territorio
común de la formación de las
subjetividades. ¿Cómo podemos acercarnos
a las culturas infantiles y juveniles, a sus
experiencias cotidianas, a sus consumos mediáticos, y a la vez encarar
una acción pedagógica que permita
problematizar y cuestionar la aparente transparencia de los mensajes
mediáticos y los valores impuestos por la cultura del consumo?
Para responder este interrogante, nos
proponemos primero, contextualizar las transformaciones en los modos de concebir las identidades infantiles y juveniles, reinstalando el
carácter de construcción histórica que han tenido, en relación, en primer
lugar, con la escolarización y, actualmente, con las industrias culturales y el
consumo.
2. Cuando los
niños se convirtieron en alumnos
Los que nos desempeñamos en las instituciones
escolares, tendemos a considerar la escuela como el contexto “natural” del
desarrollo del niño. Acostumbrados al paisaje escolar, perdemos de vista el proceso histórico,
social y cultural que desempeñó la escolarización masiva en la construcción de
la infancia moderna.
Diversos aportes
históricos, contextualizan cómo los
niños comienzan a tener un tratamiento diferencial en la modernidad cuando se
los comienza a diferenciar de los adultos a partir, sobre todo, de su “incompletud”, de su debilidad y de la
necesidad de “tutela”. La infancia es vista como una etapa de transición, de
preparación para la vida ciudadana.
Por lo tanto,
educar era completar al niño para volverlo adulto. Pero, para educarlo de
acuerdo a las necesidades de las nacientes sociedades industriales era preciso
crear instituciones capaces de producir
un efecto formativo y “normalizador” sobre una niñez que, de acuerdo a sus pertenencias familiares, era
portadora de diversidades sociales y culturales. Para absorber los distintos modos de ser
niño, se construye entonces una nueva
categoría: “el alumno”.
Será a partir de
entonces (hasta que entra en crisis la función homogeneizadora de la escuela), el
sujeto alumno y no ya los distintos niños los que transiten las etapas de la
escolarización. Así, la escuela fue
el dispositivo creado por la pedagogía moderna y los Estados
nacionales para “normalizar” la infancia y moldear los futuros ciudadanos. Entre fines del siglo XlX y principios del
XX, la mayoría de las naciones legisló su educación primaria y la volvió
obligatoria.
En
nuestro país, bajo el lema sarmientino
“educar al niño, educar al ciudadano”,
la escuela se convirtió en un
poderoso agente socializador y formador de la identidad nacional. Inmigrantes y
comunidades indígenas diversas fueron integrados mediante una configuración de
contenidos de los cuales se excluyeron
sus propios orígenes, sus prácticas culturales y religiosas. Lo que la escuela producía era,
sobretodo, una identidad común y la
producía eficazmente a través de la
“cultura escolar”: los
niños-alumnos debían hablar de una
manera, debían formar y sentarse en
lugares preestablecidos, seguir ritmos de aprendizaje prefijados, participar en
rituales colectivos, subordinarse a la autoridad docente, ser obedientes,
higiénicos y aplicados.
”La escuela era una máquina de imposición de
identidades, pero también extendía un pasaporte a condiciones mejores de
existencia” (Sarlo, 1998); por eso, además de sustentarse en las leyes de obligatoriedad
escolar dispuestas por el Estado, la
acción pedagógica se legitimaba en una
fuerte alianza entre familia y escuela.
Las familias percibían que la escuela “servía” porque encaminaba a sus hijos, a través del esfuerzo
y el mérito, hacia un futuro mejor
para ellos.
Con eficacia, la
escuela se erigió en el lugar privilegiado de acceso a la cultura “legítima” a
través de la transmisión y reproducción de determinados conocimientos,
desterrando fuera de las aulas las
manifestaciones propias de las culturas populares como los relatos orales, el tango, el fútbol o el
cine.
Este monopolio del
saber estaba fundado en las nuevas tecnologías de la palabra: la escritura y la
imprenta. La cultura escolar pone su
epicentro en la enseñanza de la escritura y la lectura y los libros de texto van
a ser instrumentos fundamentales de transmisión
de conocimientos y valores. Desde las páginas de los libros se legitiman los
valores hegemónicos que la cultura
escolar transmite: lenguaje único,
historia oficial, higiene, buenas
costumbres y urbanismo. El dispositivo
escolar se sustentaba además en una relación inmodificable ente maestro y
alumno. El lugar del docente era el del adulto que sabe frente a un niño-alumno que no sabe o tiene
conocimientos vulgares que hay que sustituir. La autoridad pedagógica se
constituye así desde el poder y el saber y era, por lo tanto,
incuestionable.
Desde esta matriz
cultural, niñas y niños fueron moldeados
como alumnos, ”normalizados” a través de valores, disciplina y conocimientos impartidos por una institución que garantizaba la inserción social y el
progreso.
Pero, a partir de
los años 70, en el contexto de crisis económica y debilitamiento del Estado de Bienestar, la
ilusión “igualadora” se fue
desmoronando. La escuela no sólo no era
capaz de producir el ascenso social esperado, además es acusada de reproducir las diferencias
sociales. Acorralada, la cultura escolar intenta mantener sus rituales, pero
estos ya no ofrecen la carga simbólica
que le dio origen frente a alumnos que son, desde temprana edad, socializados
por un entorno massmediático.
3. Mercado y
medios: la nueva pedagogización de la infancia.
En las últimas décadas del siglo XX, el avance
del Mercado y la llamada “cultura del consumo” transformaron el tradicional proceso de socialización infantil
basado en la alianza escuela/
familia. Hoy, los niños comienzan a ser
interpelados por los medios y el mercado mucho antes de ingresar a la escuela
y, a diferencia de lo que ocurría en los albores de la escolarización, los
chicos portan una experiencia cognitiva
desarrollada a través de la interacción con las nuevas agencias de
conocimiento.
Para problematizar esta nueva forma de socialización de la
infancia, es necesario conceptualizar el
consumo como un proceso más complejo que el mero acto compulsivo de comprar o
adquirir determinados objetos. En las sociedades contemporáneas, bajo la oferta
incesante de mercaderías y una febril innovación tecnológica que acelera la caducidad de los productos, emerge
una nueva forma de ciudadanía que busca el “reconocimiento social” mediante el consumo “distintivo” de bienes y signos.
Como afirma García Canclini,
(1995:44)
“consumir es participar en un escenario de disputas por aquello que la sociedad
produce y por las maneras de usarlo”. Por eso, reflexionar sobre los consumos culturales implica enfocar
la mirada en los procesos y las
prácticas de apropiación simbólica que realizan los sujetos inmersos en una cultura, en donde el
Mercado no sólo promueve la expansión y
diversificación de bienes y servicios,
además establece modos de identificación a través de la posesión y uso de los objetos
y crea deseos en relación a lo que no se tiene.
De esta forma, la “cultura del consumo”,
vehiculizada por los medios, inunda nuestra cotidianeidad con imágenes
y publicidades de productos, dando lugar a nuevas prácticas culturales
que trastocan el lugar social asignado a
la infancia en la sociedad moderna.
Pantallas omnipresentes, publicidades, cybers, shoppings, conforman los
nuevos espacios desde los cuales niños y jóvenes ya no son interpelados como
hijos o dóciles alumnos, sino como potenciales “clientes”.
Trastocando los valores de esfuerzo, trabajo,
mérito y acortando el lento camino de
preparación para la ciudadanía que la
modernidad imponía a la infancia, el mercado impone una forma
socializadora más rápida y seductora: el
consumo. Niños y adolescentes se vuelven
un sector apetecible y cobran visibilidad a través del consumo y si no pueden consumir, les depara la
“invisibilidad social”, la exclusión y la marginalidad. Es que más allá del
consumo material, se instaura un consumo simbólico que determina pertenencias,
comportamientos y distinciones sociales.
Programas de TV, películas, ropa, celulares, zapatillas, sitios Web
“favoritos”, bandas musicales, se convierten en referentes identitarios y demarcan
diferencias entre los grupos a
partir del desigual consumo.
Así como dijimos que el dispositivo escolar
necesitaba de la alianza entre famita y escuela, la nueva forma de
pedagogización de la infancia se basa en la redituable alianza entre mercado y
medios. El mercado necesita crear un
entorno donde los objetos adquieran “valor”,
se vuelvan “deseables” para los
millones de chicos que pueden y también para los que no pueden adquirirlos. (Minzi, 2003).
Motorizados por potentes merchandinsing, los programas de
televisión abonan su éxito sembrando
infinidad de productos en la vida
infantil. Como mostraba la escena con la
que empezamos este texto, mirar
“Chiquititas”, más allá del programa, se vuelve significativo para las
niñas a través de la cantidad de
interacciones con objetos culturales y
prácticas que habilita a través de Cds, figuritas, ropa, juegos y
conversaciones posibles. De igual manera, ¿qué películas logran ser
éxito de taquilla si no son acompañadas
por una fuerte campaña de marketing que inunde con sus imágenes locales de
hamburguesas, jugueterías y spots publicitarios? Como en un infinito hipertexto
cada producto cultural - películas, programas, mega recitales - propone hipervínculos abriendo múltiples formas de acceso a cada uno de ellos.
Mientras que la escuela tradicional aspiraba a
la homogenización y a la construcción de una identidad única, el mercado agudiza la fragmentación social, segmentando
audiencias, diversificando la oferta de
productos y mercaderías de acuerdo
a gustos, intereses, edades, nivel
adquisitivo, etc. Desdibujados los referentes tradicionales que daban cohesión
a la vida social (familia, escuela, Nación), se multiplica la aparición de distintas “tribus urbanas” que se aglutinan en torno a consumos, gustos,
experiencias y adscripciones identitarias específicas - punks/rollyngas/tecnos/cumbieros -, delimitando espacios diferenciales y
desiguales.
En estos nuevos procesos de socialización, el
grupo de pares cobra importancia central en la transferencia de códigos y
reglas; con los amigos se aprende y se
crean comunidades de sentido compartido. De esta manera, los jóvenes parecen auto
gestionar sus formas organizativas sin intermediación de adultos o instituciones
educativas, que suelen negar la existencia de otros lenguajes y modos de
apropiación distintos a los consagrados por los
programas y disposiciones escolares.
Ante la irrupción de las múltiples maneras de
ser niño, niña, adolescente, joven, la
escuela suele reaccionar lamentando la pérdida de los valores tradicionales,
juzgando negativamente las diversas manifestaciones culturales,
culpabilizando a los medios por influir
en el imaginario infantil y a las familias por haber abandonado la alianza.
4. ¿Por qué y para
qué integrar los consumos culturales en
la escuela?
Es innegable, como expusimos en el apartado
anterior, el lugar cada vez más
preponderante que tienen el mercado y los medios de comunicación en la
construcción de las identidades infantiles y juveniles. Vimos cómo el mercado no sólo oferta y vende productos, sobretodo conforma
su mundo simbólico: “El mercado redacta el guion de la vida infantil, define
qué es lo que los chicos desearán, a qué jugarán, sobre que charlarán, sobre
qué discutirán o agradecerán a sus
padres, qué compartirán con sus pares, qué pensarán, qué dibujarán, qué
soñarán, qué pedirán a Papa Noel”. (Minzi, 2003).
Reconocer y aceptar la capacidad modeladora
que ejerce la cultura mediática sobre las prácticas y el imaginario de chicos y
adolescentes no implica que debamos
atrincherarnos en posiciones defensivas
o ingenuas. No será desde actitudes “moralistas” ni desde la pasividad acrítica
que la escuela logre reposicionarse en el mundo infantil y juvenil.
Por el contrario,
la escuela puede fortalecer su función social acercándose a las culturas juveniles, reconociendo sus
diversas conformaciones y prácticas, abriendo espacios de diálogo sobre los
consumos culturales, asumiendo una alfabetización crítica que integre los nuevos lenguajes y
medios, ofreciendo herramientas para
interrogar la información, analizar las
representaciones y estrategias
utilizadas, problematizando y
“desnaturalizando” los mensajes
mediáticos. Para esto, es importante que
encaremos acciones pedagógicas que permitan:
⇒
Crear espacios de diálogo sobre los consumos mediáticos:
Si como indican
estudios y encuestas sobre consumo
televisivo infantil, este se realiza cada vez más en forma solitaria, sin
mediación de adultos (en las clases populares por ausencia de los padres y en
los niveles medios y altos por la proliferación de televisores en distintos
ámbitos del hogar), es necesario que
generemos espacios de diálogo y reflexión sobre
los consumos culturales de los alumnos y
“el mundo construido” por los medios.
Conversar sobre los programas que los chicos ven, sobre los personajes
con los que se identifican, indagar sobre los productos o juegos que realizan a
partir de ellos, no sólo ayuda a acercar la cultura mediática al aula,
también implica salir del consumo
individual, para intercambiar y debatir con otros sobre gustos y preferencias.
Los consumos y las
apropiaciones varían según el contexto
social, por eso es importante que los
docentes suspendamos “la valoración”, aprendamos
a conocer lo que los chicos piensan y hacen , propiciando la reflexión y el
diálogo, no censurando sus consumos sino
haciéndolos pensar acerca de ellos. Es decir, podemos actuar sólo como
consumidores, situándonos en el lugar que nos asigna el mercado o podemos
ejercer como ciudadanos una reflexión más amplia sobre qué y cómo consumimos,
reconstruyendo los diversos contextos en que los objetos culturales y sus usos nos permiten encontrarnos y
dialogar con los otros.
⇒
Generar una alfabetización integral
Sabemos que los
chicos ingresan, hoy, a la escuela primaria con una serie de
conocimientos y códigos adquiridos en su interacción con los diversos medios, con las múltiples pantallas, por lo que la escuela no sólo tiene que posibilitar el acceso a la
cultura escrita sino también a la múltiples ”lecturas y escrituras” que conforman
la cultura contemporánea. En vez
de excluir, integrar los nuevos medios y
lenguajes, posibilitando una alfabetización crítica que permita a las nuevas generaciones
no sólo usar las nuevas tecnologías, además brindarles herramientas para reflexionar sobre los valores transmitidos, cuestionar la
aparente “objetividad” de un diario o un noticiero, analizar las estrategias de
marketing usadas por las publicidades para convencer a las audiencias;
cuestionar sobre todo el injusto acceso a los bienes culturales.
⇒
Abrir la agenda temática y ampliar la oferta cultural.
A través de los mecanismos de construcción de la
información, los medios seleccionan y jerarquizan algunos acontecimientos, los
muestran de determinada manera y ocultan
otros. De esta manera, las empresas
mediáticas hacen circular “agendas
temáticas” que influyen en la opinión pública. La escuela puede posicionarse
críticamente deconstruyendo con los alumnos estos mecanismos y permitiendo,
además, que ingresen al aula problemáticas propias de las culturas
juveniles que los medios no muestran o
muestran en forma estigmatizante
(asociando a los jóvenes, sobre todo de los sectores populares, con la violencia, la droga, la delincuencia,
etc.).
Explicamos
anteriormente como el mercado produce accesos desiguales a los productos
culturales, es en este aspecto que la
escuela puede cumplir una importante función social, posibilitando el acceso a los nuevos medios sin
exclusiones y ampliando la oferta
cultural a través del acercamiento a
productos diversos, alternativos a los que circulan por ejemplo, en la TV o el
cine comercial.
⇒
.Encarar propuestas de producción de medios y expresión de discursos propios.
La alfabetización crítica en medios tiene como
propósito que chicos y jóvenes se constituyan en “productores culturales”,
capaces de interpretar la cultura mediática que los rodea y también participar,
generando discursos propios. Por eso, es importante que la escuela
desarrolle proyectos de producción
mediática, no para competir con los grandes medios sino para que los alumnos produzcan en forma
colectiva sus mensajes, accediendo a
circuitos reales de comunicación y haciendo
“circular” otras voces. Es en el
propio proceso de producción donde se dan las posibilidades de utilizar el lenguaje audiovisual y “deconstruir” los
conocimientos mediáticos para generar nuevas narrativas, mostrar otros puntos de vista y diferentes miradas, ampliando -en lo
posible- el horizonte de lo “visible” y “decible” en los discursos hegemónicos.
Los docentes
podemos ayudar a que chicos y chicas exploren y descubran nuevas formas
creativas de dar a conocer sus
realidades, expresar sus vivencias y que estas puedan ser compartidas con
otros a través de la producción y difusión de videos, programas de radios o notas
periodísticas.
En síntesis, una forma de empezar a construir
puentes entre la cultura escolar y la cultura mediática es que la escuela y los docentes nos asumamos como parte de esta problemática y
aceptemos que ya no es posible construir identidades únicas e ideales
porque, hoy, las identidades son diversas y se definen entre los cruces de la cultura letrada, la audiovisual
y las tecnologías digitales.
martes, 5 de marzo de 2019
Etapas de evolución de la enseñanza en aulas equipadas con TIC. Las TIC y el Aprendizaje Colaborativo, su relación con las Teorías del Aprendizaje
Etapas de evolución de la enseñanza
en aulas equipadas con tecnología
Según diferentes estudios basados en el análisis de experiencias y casos en comunidades educativas, los docentes transitamos por diferentes etapas en el camino a la integración de las TIC en la enseñanza desde la aparición del modelo 1 a 1, las cuales podrían considerarse como un proceso de evolución:
Acceso: Aprender los fundamentos del uso de
la tecnología; los aspectos técnicos están en primer plano. En esta etapa,
los docentes, incluso
los más experimentados, sienten
que deben enfrentar problemas
tales como la disciplina, la organización de los recursos y la frustración
personal. Todas estas dificultades se
reflejan en una
actitud poco optimista
con respecto a
la integración de tecnologías en las aulas. Los problemas
técnicos y de manejo de la clase no dejaban margen para intentar modificar las
formas de enseñanza.
Adopción: Superar la lucha con la tecnología
para pasar a usarla en un nivel básico en forma consistente con las prácticas
existentes de enseñanza y aprendizaje. Los profesores siguen lidiando con
problemas tecnológicos, pero comienzan a mostrar preocupación acerca de cómo
integrar las tecnologías diariamente en sus prácticas de enseñanza. Las
actividades consisten fundamentalmente
en enseñar a los alumnos
cómo utilizar la
tecnología (organizar el trabajo,
procesador de texto,
guardar, etc.). Emplean
las TIC para
replicar las estrategias tradicionales de enseñanza:
clases magistrales, dictados, etcétera.
Adaptación: Pasar de un uso básico a utilizar la
tecnología para aumentar la productividad; un uso más frecuente y útil, pero
escaso cambio en las prácticas existentes de enseñanza y aprendizaje. Las
estrategias tradicionales de
enseñanza siguen siendo
predominantes, pero los
estudiantes utilizan también procesadores
de texto, bases
de datos y
algunos programas de
gráficos durante una buena parte
de la jornada escolar. Los
docentes notan que los
estudiantes se muestran más productivos, más curiosos y más confiados, y asumen
nuevos retos más allá de las tareas cotidianas.
Apropiación: Uso de la tecnología “sin esfuerzo”
como una herramienta para alcanzar los objetivos educativos y de gestión. Esta etapa
se caracteriza por el cambio
en la actitud
de los docentes hacia la
tecnología: la entienden y la
utilizan sin esfuerzo como una herramienta de clase.
Invención: Uso de la tecnología como herramientas flexibles en el aula. El aprendizaje es más colaborativo, interactivo y personalizado; surgen nuevas prácticas de enseñanza y de aprendizaje. Los profesores experimentan nuevos patrones de enseñanza y formas de relacionarse con los estudiantes y con otros profesores. Al llegar a ver el aprendizaje como un proceso activo, creativo, interactivo y social, desarrollan usos más innovadores de la tecnología para la enseñanza y el aprendizaje.
Invención: Uso de la tecnología como herramientas flexibles en el aula. El aprendizaje es más colaborativo, interactivo y personalizado; surgen nuevas prácticas de enseñanza y de aprendizaje. Los profesores experimentan nuevos patrones de enseñanza y formas de relacionarse con los estudiantes y con otros profesores. Al llegar a ver el aprendizaje como un proceso activo, creativo, interactivo y social, desarrollan usos más innovadores de la tecnología para la enseñanza y el aprendizaje.
Las TIC y el aprendizaje colaborativo/Su relación con las Teorías del Aprendizaje.
¿En qué consiste el aprendizaje colaborativo asistido por computadora
(ACAC)?
Los orígenes del campo de trabajo
conocido como aprendizaje colaborativo asistido por computadora (ACAC) o
aprendizaje colaborativo apoyado por ordenador (ACAO) –en inglés, Computer
Supported Collaborative Learning (CSCL)– se atribuyen a tres proyectos de uso
de la tecnología para mejorar el
aprendizaje relacionado con la literatura:
uno en la
Universidad Gallaudet, otro en la Universidad de Toronto y el tercero en
la Universidad de California, San
Diego (Stahl, Koschmann
y Suthers, 2006).
Koschmann (1996) definió
el ámbito del
ACAC como un
espacio de investigación basado en
la adopción de
teorías del aprendizaje
orientadas socialmente, en particular:
la teoría neopiagetiana
sobre el conflicto,
la teoría de la actividad histórico-cultural (Vygotsky,
Luria y Leontev)
y la teoría
de la práctica social (Lave y
Wenger, 1991).
El ACAC se caracteriza
fundamentalmente por: (a) la idea de aprender de forma colaborativa,
con otros, en
grupo, compartiendo objetivos
y distribuyendo
responsabilidades; (b) el
papel de la
computadora como elemento
mediador que apoya este proceso. En palabras de Gros (2006), “se trata pues de
aprender a colaborar y colaborar para aprender”.
Tal como señala el mismo Koschmann
(1996), el ACAC, también llamado aprendizaje colaborativo mediado, se
desarrolla a partir de los aportes de
las teorías constructivistas. En
particular, se basa
en los trabajos
de Piaget, de Vygotsky
y de los
desarrollos que las
ideas de ambos
han implicado en las teorías sociales, antropológicas, psicológicas y
educativas.
Así,
para comprender mejor
de qué hablamos
cuando decimos aprendizaje colaborativo
asistido por computadora
o aprendizaje colaborativo mediado, presento una síntesis de las
diferentes teorías del aprendizaje
de las que parte este enfoque.
. El constructivismo (Jean Piaget, 1928, 1932) Según
Piaget, el desarrollo cognitivo ocurre como consecuencia de la interacción
entre un sujeto y un objeto de su interés. Mediante procesos de acomodación y
asimilación, los individuos construyen nuevos conocimientos a partir de las
experiencias. La asimilación ocurre cuando las experiencias de los individuos
se alinean con su representación interna del mundo. La acomodación es, por su
parte, el proceso de reorganizar la representación mental del mundo externo
para adaptarla a nuevas experiencias. La teoría de la abstracción, para Piaget,
consiste en que el conocimiento nuevo se construye porque se extrae de la
coordinación de acciones que realiza el sujeto y no directamente de lo
observable (objetos y acciones). En otras palabras, es necesario crear
situaciones para que los estudiantes establezcan relaciones, generen
construcciones renovadas y recreen las nociones que se espera que aprendan. Para
pensar las prácticas: “enseñar” ya no podría ser sinónimo de “mostrar”; el rol
del profesor, según esta teoría, sería el de ayudar, estimular y permitir al
estudiante construir su conocimiento a partir de un proceso participativo.
. La teoría sociocultural (Lev Vygotsky, 1930, 1934) Para
algunos autores, el constructivismo social surge de la fusión de los aspectos
fundamentales del trabajo de Piaget con los de Vygotsky (1930, 1934) y Bruner
(1960, 1966). Según Vygotsky, una parte importante del aprendizaje del niño
ocurre a través de la interacción social con un tutor experto. El tutor puede
modelar comportamientos o dar instrucciones verbales al niño en lo que él
denomina diálogo cooperativo o colaborativo. El niño busca comprender las
acciones o instrucciones del tutor y después interioriza la información y la
usa para guiar o modificar su propia actuación. La aportación fundamental del
enfoque de Vygotsky consiste en considerar al individuo como el resultado de un
proceso histórico y social en el que el lenguaje desempeña un papel esencial.
Para Vygotsky, el conocimiento es un proceso de interacción entre el sujeto y
el medio, entendido social y culturalmente.
Vygotsky considera que el desarrollo
humano es un proceso de desarrollo cultural:
la actividad es el motor en el
proceso del desarrollo humano. Así, establece que la actividad es un conjunto
de acciones culturalmente determinadas y contextualizadas que se lleva a cabo
en cooperación con otros y la actividad del sujeto en desarrollo es una
actividad mediada socialmente. El concepto central en la teoría sociocultural
es el de zona de desarrollo próximo (ZDP): la distancia entre el nivel del
desarrollo real del individuo, determinado por la resolución independiente de
problemas, y el nivel de desarrollo potencial, determinado por la resolución de
problemas bajo la guía de un adulto o en colaboración con otros compañeros. La
ZDP está determinada socialmente, es decir, para aprender necesitamos de la
interacción social con los demás. En un entorno educativo, la ZDP se construye
en la interacción profesor-estudiantes y en la interacción
estudiantes-estudiantes. El enfoque sociocultural aporta un marco teórico útil
para sustentar el aprendizaje colaborativo y para considerar el potencial de
las TIC como herramientas mediadoras en este proceso.
. El aprendizaje por descubrimiento (Jerome Bruner,
1960, 1966) La propuesta de Bruner, conocida como aprendizaje por
descubrimiento, está muy influida por el trabajo de Vygotsky. Según Bruner, los
aprendices construyen nuevas ideas o conceptos a partir del conocimiento ya
existente; son creadores que construyen nuevo conocimiento y nuevo significado
a partir de experiencias auténticas. Así, el aprendizaje es un proceso activo
que consiste esencialmente en categorizaciones. La categorización tiene como
propósito simplificar la interacción con la realidad y facilitar la acción: el
aprendiz interactúa con la realidad organizando los inputs según sus propias
categorías y conceptos, posiblemente creando nuevos o modificando los
preexistentes. En 1976, Wood, Bruner y Ross describieron la interacción
tutorial entre un adulto y un niño (a la que Vygotsky llamó diálogo cooperativo
o colaborativo) como andamiaje. Con este término identificaron la instancia en
la que el adulto proporciona ayuda y recursos al niño para que este sea capaz
de resolver la tarea hasta que pueda llegar a realizarla en forma autónoma. En
el entorno educativo, la teoría de Bruner implica: (a) aprendizaje por descubrimiento, según el cual el
docente debe motivar a los estudiantes a que ellos mismos descubran relaciones
entre conceptos y construyan proposiciones; (b) diálogo activo; (c) formato
adecuado de la información, acorde al desarrollo cognitivo del estudiante; (d)
aprender a aprender: la enseñanza debe propiciar la construcción intelectual,
fomentar la reflexión y el aprendizaje de procedimientos para resolver
problemas; nunca debe ser una acumulación de conocimientos.
. La teoría de la actividad (Aleksei Leontiev, 1947; Yrjö
Engeström, 1987) Esta teoría tiene su origen en la teoría sociocultural de
Vygotsky y fue desarrollada por Leontiev. Según la teoría de la actividad,
cuando los individuos interactúan con el entorno, el resultado consiste en la
creación de herramientas o artefactos. Estas herramientas son formas
exteriorizadas de los procesos mentales y, a medida que estos se manifiestan
como herramientas, son más fácilmente accesibles y comunicables a otras
personas. El objetivo de la teoría de la actividad es comprender las
capacidades mentales de un individuo a pesar de que la misma teoría rechaza el
análisis de un individuo aislado y prefiere analizar los aspectos técnicos y
culturales de las acciones humanas. Esta teoría ayuda a explicar de qué manera
los artefactos sociales y la organización social median la acción social. La
teoría de la actividad se inicia con la noción de actividad. Una actividad se
concibe como un sistema en el que los individuos “hacen” siempre que un sujeto trabaje
en un objeto con el fin de obtener un resultado deseado. Con este fin, el
sujeto emplea herramientas, que pueden ser externas (un martillo, una
computadora) o internas (un plan, una teoría).
. La cognición distribuida (Gavriel Salomón, 1993; Gavriel Salomón
et al., 1991) La cognición distribuida se refiere a un proceso en el que los
recursos cognitivos se comparten socialmente para extender los individuales o
para conseguir algo que un agente individual no puede alcanzar solo. Los
procesos cognitivos pueden distribuirse entre máquinas y humanos (cognición
distribuida físicamente) o entre los agentes cognitivos (cognición distribuida
socialmente). La cognición distribuida ilustra el proceso de interacción entre
las personas y la tecnología para determinar cómo representar, almacenar y
facilitar el acceso a los recursos digitales y a otros artefactos. Además, la
cognición distribuida puede observarse a través de las culturas y las
comunidades. El aprendizaje de hábitos o tradiciones se entiende como cognición
distribuida entre un grupo de personas.
. La cognición situada (John S. Brown, Allan Collins y Paul
Duguid, 1989) La teoría de la enseñanza situada destaca la importancia de la
actividad y el contexto para el aprendizaje y reconoce que el aprendizaje
escolar es, ante todo, un proceso de enculturación en el cual los estudiantes
se integran gradualmente en una comunidad o cultura de prácticas sociales.
También se comparte la idea de que aprender y hacer son actividades
inseparables. Por lo tanto, desde el punto de vista de este enfoque, los
alumnos deben aprender en el contexto pertinente.
Brown, Collins y Duguid (1989), los
teóricos que han iniciado los trabajos en este enfoque, formularon una
estrategia de instrucción basada en el aprendizaje cognitivo, ya que las
estrategias y habilidades no se transfieren bien cuando no se han aprendido en
contextos situados.
La propuesta fundamental de la
cognición situada se traduce en que el aprendizaje, fuera y dentro del aula, se
desarrolla a través de la interacción social colaborativa. Los estudiantes se
convierten en una comunidad de aprendices cuyo propósito es la actividad de
aprendizaje y la interacción sociocultural.
El aprendizaje colaborativo se
convierte en componente fundamental del modelo situado y surge el concepto de
“comunidad de práctica”: un entorno social con un mismo objetivo que comparte
tareas y actividades comunes, así como un legado de entendimiento cultural,
social y situacional. La comunidad de práctica enfatiza la importancia de
compartir y construir significado en una unidad social. El aprendizaje situado
ocurre de forma no intencional cuando los estudiantes trabajan en tareas
auténticas que acontecen en el entorno del mundo real.
Los principios fundamentales de esta
teoría en lo referente al conocimiento son: (a) el conocimiento es una
actividad, no un objeto; (b) el conocimiento siempre es contextualizado, no es abstracto; (c)
el conocimiento es recíprocamente construido en la interacción entre el
individuo y su entorno, no definido objetivamente o creado subjetivamente; (d)
el conocimiento es un efecto funcional de la interacción, no una verdad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)